Pese a que el precio del dólar lleva más de un mes en niveles relativamente bajos, los productores agrícolas de América Latina no han visto una reducción equivalente en el costo de los insumos agropecuarios, como abonos, fertilizantes y agroquímicos. La situación afecta a zonas rurales del Corredor Seco Centroamericano, Perú y Colombia, entre otros países, en medio de una sequía prolongada asociada al fenómeno de El Niño. La menor disponibilidad de agua, la pérdida de cosechas y el aumento de los costos de energía, transporte y producción explican por qué los precios no bajan al mismo ritmo de la tasa de cambio y aumentan el riesgo de inseguridad alimentaria.

El clima presiona la producción agrícola

Los reportes consultados muestran que la sequía está golpeando con fuerza a comunidades rurales de Honduras, Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. En varias zonas del Corredor Seco Centroamericano, los agricultores han reportado pérdidas de cultivos de maíz, hortalizas y maní, además de la muerte o venta forzada de animales por la falta de agua y alimento.

El problema no se limita a la reducción de las cosechas. La ausencia de lluvias también disminuye las reservas de agua para el consumo y el riego, limita las oportunidades de empleo agrícola y obliga a las familias a comprar productos que antes obtenían de sus parcelas. Organizaciones como Oxfam y el Programa Mundial de Alimentos han advertido que la afectación simultánea de la producción, el empleo y el acceso al agua está debilitando la seguridad alimentaria de los hogares rurales.

En El Salvador, el estrés térmico y la falta de lluvias han afectado cultivos como maíz, chile y tomate, mientras que en Perú las autoridades han descrito el fenómeno de El Niño costero como un evento extraordinario que provoca sequías en zonas altoandinas y reduce la oferta de alimentos básicos. En Colombia, el Banco de la República ha documentado que el calor y la sequía contribuyen al aumento de los precios de productos como la papa y algunas hortalizas.

Por qué el dólar bajo no reduce los insumos

El tipo de cambio influye en el precio de algunos productos importados, pero no es el único componente de la estructura de costos del campo. Los fertilizantes dependen de la oferta internacional, de los precios de la energía y de las condiciones de transporte. Por eso, una disminución del dólar puede tardar en reflejarse en los mercados locales o ser neutralizada por otros aumentos.

La información disponible señala que El Niño también puede encarecer el fertilizante y el diésel, dos elementos esenciales para la actividad agrícola. A esto se suman las primas específicas que se aplican en algunos países, el costo de trasladar los productos hasta las zonas de cultivo y las dificultades logísticas ocasionadas por la pérdida de cosechas.

La sequía, además, puede obligar a los productores a utilizar más insumos para intentar mantener los rendimientos. En condiciones de estrés hídrico, el resultado no siempre es suficiente, pero el gasto en fertilizantes, agroquímicos, combustible y mano de obra se mantiene. De esta manera, los costos internos y las condiciones climáticas terminan teniendo un peso mayor que la variación puntual de la moneda estadounidense.

Menor oferta y alimentos más costosos

La reducción de la producción está limitando la oferta de frutas, verduras y granos básicos en diferentes mercados de la región. Según los reportes, algunos productos llegan con calibres más pequeños o en menores cantidades, lo que presiona los precios y afecta tanto a los consumidores como a los comerciantes.

En Bolivia, compradores y vendedores han señalado que alimentos como arroz, harina y aceite no han bajado pese a la reducción sostenida del dólar. Ese comportamiento refleja un desacople entre el tipo de cambio y los precios finales, especialmente cuando los costos de transporte, almacenamiento, producción y distribución continúan elevados.

Para los hogares rurales, la pérdida de cultivos tiene un doble impacto: reduce los alimentos disponibles para el autoconsumo y elimina excedentes que podían venderse para obtener ingresos. Las familias deben acudir entonces a los mercados en un momento en que los precios son más altos, lo que puede llevarlas a disminuir la cantidad y la diversidad de los alimentos que consumen, incluidas fuentes de proteína como huevos y carne.

Un riesgo que puede prolongarse

El PMA y otras organizaciones humanitarias han advertido que millones de personas en América Latina podrían enfrentar inseguridad alimentaria por los efectos de El Niño, especialmente si la sequía continúa y no se fortalecen las ayudas a los pequeños productores. La crisis también puede extenderse a las ciudades mediante el aumento de la canasta básica y la pérdida de empleos relacionados con el sector agropecuario.

Los efectos podrían mantenerse durante varios ciclos agrícolas, incluso si las condiciones cambiarias siguen siendo favorables. La recuperación dependerá de la llegada de lluvias, la disponibilidad de agua para riego, el comportamiento internacional de los fertilizantes y combustibles y la capacidad de los gobiernos para respaldar a las comunidades afectadas.

En este escenario, un dólar barato no garantiza por sí solo una reducción de los insumos agropecuarios. La sequía, la menor oferta de alimentos, la falta de infraestructura de riego y los costos de energía y logística mantienen la presión sobre el campo y anticipan un panorama alimentario complejo para la región si no se aplican medidas de protección social, asistencia técnica y gestión del recurso hídrico.

Preguntas frecuentes

¿Por qué no bajan los precios de los insumos agropecuarios aunque el dólar esté barato?

El tipo de cambio es solo uno de los factores que determinan el precio de fertilizantes, abonos y agroquímicos. Los costos de energía, transporte, producción, logística y la oferta internacional pueden neutralizar la reducción del dólar.

¿Cómo afecta la sequía a los costos y la producción agrícola?

La sequía reduce las cosechas y las reservas de agua, además de aumentar el gasto en fertilizantes, agroquímicos, combustible y mano de obra. También puede provocar pérdidas de animales, menor empleo rural y una oferta más limitada de alimentos.

¿Qué consecuencias tiene el aumento de los insumos agropecuarios para los consumidores?

La menor producción y los mayores costos pueden elevar los precios de frutas, verduras y granos básicos. Esto afecta a los hogares rurales y urbanos, que podrían reducir la cantidad y diversidad de los alimentos que consumen.