Foto cortesía Gobernación de Antioquia
Hay obras públicas que terminan convirtiéndose en símbolos. No solo por su tamaño o por los recursos que demandan, sino porque reflejan la capacidad o incapacidad de los gobernantes para cumplirles a los ciudadanos.
El Túnel del Toyo es una de ellas:
Estamos hablando de la obra de infraestructura más importante en la historia de Antioquia. Un proyecto llamado a transformar la conexión con Urabá, acercar los puertos al interior del país, reducir tiempos de viaje y abrir nuevas oportunidades de desarrollo económico para millones de colombianos. No es una obra únicamente pensada en los más de 6 millones de antioqueños, es una obra pensada para conectar a todo el país, incluso, exteriorizarlo.
Sin embargo, más allá del concreto, los viaductos y los kilómetros excavados, el Túnel Guillermo Gaviria Echeverri o más conocido como el Toyo también cuenta una historia política: la de una región que decidió no resignarse a que una obra estratégica terminara convertida en otro elefante blanco.
Sus inicios: lo que debió ser y nunca sucedió
El proyecto nació como una alianza entre la Nación, la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín. La distribución de responsabilidades era clara: Antioquia y Medellín construirían el tramo regional y el Gobierno Nacional asumiría los sectores que le correspondían a través del Invías.
Pero el camino cambió, y las tensiones políticas hicieron que un proyecto estratégico fuera una disputa sin solución alguna, una disputa qque tuvo que echarse al hombro toda Antioquia.
Con la llegada del Gobierno Petro, la continuidad financiera de varias obras estratégicas quedó en entredicho. El Túnel del Toyo no fue la excepción. Los recursos nacionales dejaron de fluir con la velocidad necesaria y el riesgo de parálisis comenzó a crecer. Fue entonces cuando Antioquia y Medellín tomaron las riendas de este y otros proyectos, una decisión extraordinaria: asumir responsabilidades que originalmente no eran suyas.
La región aceptó recibir contratos que estaban bajo responsabilidad nacional y comprometió más de 850 mil millones de pesos adicionales para evitar que el proyecto se detuviera.
La Alcaldía de Medellín aprobó vigencias futuras por más de 342 mil millones de pesos. La Gobernación de Antioquia destinó más de 500 mil millones adicionales. A eso se sumaron recursos provenientes de las utilidades de Hidroituango, excedentes financieros del IDEA y hasta una iniciativa ciudadana inédita en el país: la llamada «vaca» por Antioquia.
Miles de personas decidieron aportar voluntariamente dinero para ayudar a terminar una obra que consideraban fundamental para el futuro de la región, la famosa «Vaca por las vías 4G», una estrategia que tuvo bastante eco por lo que llamamos coloquialmente «verraquera» o valentía paisa. Este recaudo finalmente fue de 6 mil millones de pesos gracias a los 15 mil ciudadanos locales, nacionales e incluso extranjeros, aunque la cifra quedó por debajo de la meta inicial que era de 1 billón de pesos, sirvió para mucho.
Pocas veces se ha visto algo similar
Mientras una comunidad abría su bolsillo para financiar infraestructura pública, el debate nacional parecía concentrarse en justificar retrasos, aplazamientos y cambios de prioridades, algo que realmente es ilógico, inusual e incluso impensable, en otra época, o en otro Gobierno Nacional.
Por eso resulta difícil entender el mensaje publicado recientemente por el presidente Gustavo Petro en su cuenta de X:
«El gobierno nacional a punto de terminar el Túnel del Toyo con más de medio billón de pesos».
El gobierno nacional a punto de terminar el túnel del toyo con más de medio billón de pesos pic.twitter.com/rK0wJvb32w
— Gustavo Petro (@petrogustavo) June 18, 2026
La frase podría pasar por desapercibida para quienes no conocen la historia de la obra. Uno de los proyectos más importantes, más sufridos y más esperado por los colombianos.
Pero para quienes han seguido el proyecto durante años, genera una pregunta inevitable: ¿terminar cuál obra?
Porque si hoy el Túnel del Toyo está cerca de convertirse en realidad es gracias a que Antioquia y Medellín asumieron los costos, los riesgos y las responsabilidades que originalmente correspondían a la Nación.
Es cierto que el Gobierno Nacional mantiene a su cargo la instalación de los sistemas electromecánicos, una inversión superior a los 516 mil millones de pesos. Nadie puede desconocerlo. Pero también es cierto que esos equipos debían comenzar a instalarse hace meses y que las discusiones alrededor de su ejecución han generado nuevos retrasos. Pese al más reciente anuncio de Invías de comenzar la instalación, los equipos siguen «guardando polvo», así lo ha manifestado en repetidas ocasiones el mandatario local de los antioqueños.
La realidad es que el túnel principal está construido. Los viaductos están levantados. Las vías avanzan. La obra física existe porque hubo una región que decidió no esperar.
Lo paradójico es que quienes tuvieron que salir a hacer colectas ciudadanas para completar recursos son los mismos que hoy observan cómo desde Bogotá, desde sus comodidades como presidente en la Casa de Nariño, otros intentan apropiarse políticamente del resultado, un resultado histórico.
Pero la historia también debe contarse completa
Y cuando llegue el día de la inauguración, sería injusto olvidar quiénes pusieron la mayor parte de los recursos, quiénes asumieron los sobrecostos, quiénes rescataron los contratos abandonados y quiénes incluso apelaron a la solidaridad de la gente para mantener viva la construcción: los ciudadanos y los que creyeeron que una obra de semejante magnitud no podía quedar en vilo por décadas.
Las obras públicas no deberían utilizarse para disputar aplausos. Pero si alguien pretende hacerlo, los hechos, los resultados, el respaldo, el apoyo y la historia tambíen importan.
Y los hechos muestran que, cuando el Túnel del Toyo estuvo en riesgo, Antioquia cumplió. Mientras otros, simplemente, llegaron después para anunciar sólo una parte en su canal oficial para transmitir la información: su cuenta de X.

