Un cambio repentino, el aislamiento o una expresión de desesperanza no deberían tratarse siempre como “cosas de la edad”. En el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el Ministerio de Educación pidió que familias, docentes y comunidades educativas aprendan a escuchar, acompañar y activar oportunamente las rutas de atención.
El mensaje central de la cartera es que las instituciones educativas deben ser espacios de cuidado. Profesores, orientadores y compañeros no sustituyen a los profesionales de salud mental, pero pueden identificar señales, acercarse sin juzgar y facilitar que un estudiante reciba ayuda especializada.
Entre las situaciones que requieren atención están el aislamiento persistente, cambios marcados de comportamiento, pérdida de interés en actividades habituales, expresiones de culpa o desesperanza, despedidas inusuales y cualquier referencia a hacerse daño o no querer vivir. Una sola señal no permite sacar conclusiones, pero tampoco debe ignorarse.
El Ministerio recomienda escuchar con calma, evitar regaños, burlas o frases que minimicen el sufrimiento y preguntar directamente cómo se siente la persona. Decirle que “todo está en su cabeza”, compararla con otros o exigirle que “ponga de su parte” puede cerrar la conversación precisamente cuando necesita apoyo.
Si existe una manifestación concreta de querer morir o hacerse daño, la persona no debe quedarse sola. La familia o el adulto responsable debe retirar el acceso a elementos que puedan representar un riesgo y buscar atención inmediata en el sistema de salud o en un servicio de urgencias.
Los colegios, además, deben contar con protocolos para comunicar la situación a la familia, activar la ruta de salud y realizar acompañamiento posterior. La respuesta no puede limitarse a enviar al estudiante a casa ni convertir lo ocurrido en un asunto disciplinario.
“Cuidar también es acompañar”, recordó el Ministerio de Educación. La prevención no consiste únicamente en reaccionar ante una emergencia: también exige entornos sin acoso, discriminación ni violencia, así como adultos disponibles para escuchar.
La responsabilidad, sin embargo, no puede recaer exclusivamente sobre docentes y familias. Las secretarías de Educación y Salud deben garantizar orientación escolar, acceso oportuno a psicología y psiquiatría, seguimiento de los casos y articulación entre los colegios y las entidades prestadoras de salud.
Si una persona expresa que está en peligro inmediato, debe comunicarse con la línea de emergencias 123 o acudir al servicio de urgencias más cercano. La Línea 106 ofrece orientación en salud mental en los territorios donde está habilitada. Escuchar no resuelve por sí solo una crisis, pero puede ser el primer paso para que alguien no tenga que enfrentarla en soledad.





