Antonia no perdió la esperanza. Después del terremoto que golpeó a Cali, salió a las calles con una hoja en la mano para buscar a Bruno, su perro y su mejor amigo.

En el papel escribió su nombre y dibujó el rostro de Bruno. La imagen se convirtió en una forma de pedir ayuda y comenzó a circular por la ciudad, mientras la niña seguía esperando volver a verlo.

Y el milagro ocurrió. Bruno fue encontrado y regresó a casa, donde protagonizó junto a Antonia uno de esos reencuentros que, en medio de una emergencia, devuelven un poco de alegría y esperanza.

Una historia que recuerda que, incluso después de una tragedia, todavía hay finales felices por contar.