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Capturan en Guaviare a “Leopoldo Durán”, jefe de la delegación de paz de disidencias de alias Calarcá

Cortesía D.R.A
Leopoldo Durán, jefe negociador de disidencias de las FARC, capturado y liberado en horas en Guaviare

Una jornada marcada por la incertidumbre y la tensión se vivió el domingo 22 de febrero de 2026 en San José del Guaviare. Óscar Ojeda Durán, conocido en el mundo del conflicto armado como “Leopoldo Durán”, fue detenido por la Policía Nacional en un control rutinario, pero el motivo no fue un hecho común: una circular azul de Interpol ordenaba su localización y verificación. Sin embargo, pocas horas después, la Fiscalía decidió dejarlo en libertad.

La detención ocurrió cuando Ojeda Durán se desplazaba en un vehículo oficial de la Unidad Nacional de Protección (UNP). La circular azul emitida por Interpol no exige detención inmediata, sino que busca recolectar información sobre personas involucradas en investigaciones penales. En este caso, se le relaciona con procesos por lavado de activos y presuntos vínculos con delitos de narcotráfico y posible financiación del terrorismo. Aunque algunos reportes iniciales situaron la detención en un puesto de control en Puerto Concordia, Meta, la mayoría de las fuentes coinciden en que ocurrió efectivamente en San José del Guaviare.

Óscar Ojeda Durán es un personaje clave dentro de las disidencias de las FARC, como jefe negociador y líder de la delegación de paz vinculada a alias Calarcá. Desde diciembre de 2023, participa en los diálogos con el Gobierno de Gustavo Petro, amparado por beneficios jurídicos temporales que suspenden sus órdenes de captura nacionales, según la Resolución 0376 de la Fiscalía emitida por la exvicefiscal Martha Mancera. Además, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz había informado sobre su protección presidencial y permisos de movilidad, elementos que complican la interpretación de su detención.

Tras la aprehensión, la Fiscalía especializada en lavado de activos revisó con premura la situación legal de Durán y ordenó su liberación el mismo domingo, permitiéndole retomar libremente su desplazamiento. La delegación de las disidencias interpretó lo ocurrido como un “sabotaje al proceso de paz” y exigió explicaciones tanto al Gobierno como al equipo negociador liderado por Gloria Quiceno, sosteniendo que Durán no es un combatiente más sino un interlocutor político. La mesa gubernamental confirmó su liberación y ratificó el avance de las negociaciones, que continúan y tienen próximas sesiones agendadas en Caquetá y Sur de Bolívar.

El arresto y posterior liberación se produjeron en medio de un contexto de violencia y fragilidad: el mismo 22 de febrero, en el caño Macú de San José del Guaviare, un enfrentamiento entre el Ejército y las disidencias de Calarcá dejó saldo trágico, con la muerte del soldado Yeudy Osorio Córdoba y nueve soldados heridos evacuados en operaciones aeromédicas. Hasta el 23 de febrero no se ha emitido un pronunciamiento oficial que clarifique el impacto que este episodio pueda tener en el desarrollo del séptimo ciclo de diálogos de paz.

Queda la pregunta latente: ¿pueden coexistir la justicia penal internacional y los procesos de negociación política sin que uno erosionen las garantías del otro? La sombra de la circular azul de Interpol y la sombra del diálogo parecen más próximas de lo que se quisiera. Mientras tanto, la paz sigue siendo un camino sinuoso y frágil, donde cada movimiento se observa con desconfianza y esperanza a la vez.

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