Las autoridades de Nepal han emitido nuevas alertas por posibles inundaciones en varios distritos del país, mientras las comunidades aún luchan por recuperarse de las devastadoras riadas ocurridas el pasado 26 de agosto. La tragedia causó la destrucción masiva de viviendas, carreteras y infraestructura básica, dejando un saldo de centenares de muertos y miles de desaparecidos.

El gobierno nepalí, junto con la Autoridad Nacional de Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), comenzó a emitir estas advertencias entre el 28 y 30 de agosto de 2026, las cuales se han mantenido activas durante los primeros días de septiembre. Los avisos se han difundido a través de mensajes móviles y comunicados oficiales dirigidos tanto a la población en general como a los equipos de rescate, especialmente en las madrugadas y primeras horas del día, cuando los servicios hidrológicos reportan incrementos rápidos en los niveles de los ríos.

El epicentro del riesgo se encuentra en los distritos de Rasuwa, Nuwakot y Dhading, en el centro del país, donde los ríos Bhote Koshi y Trishuli cruzan las localidades. Este sector fue duramente golpeado por el desbordamiento del 26 de agosto, que arrasó aldeas enteras, puentes, carreteras y proyectos hidroeléctricos. Además, las autoridades han extendido las alertas a otras zonas de las regiones oriental, central y occidental, debido al peligro de crecientes súbitas en ríos pequeños y cauces montañosos.

El origen del peligro actual radica en la formación de lagos glaciares y embalses inestables causados por el represamiento de escombros entre Nepal y la vecina Región Autónoma del Tíbet, en China. Estos repelones naturales han bloqueado cursos de agua, formando lagos que podrían desbordarse de manera súbita. De hecho, un lago formado por el bloqueo de un río comenzó a rebosarse el 28 de agosto, provocando un nuevo aumento en el caudal del río Bhote Koshi, lo que mantiene latente el riesgo de inundaciones y deslizamientos.

La tragedia del 26 de agosto dejó cifras oficiales que superan el millar de fallecidos y varios miles de personas aún desaparecidas. Organismos internacionales, incluyendo la ONU y la OMS, señalan que más de 10.000 hogares requieren ayuda inmediata y que los daños a centros de salud, así como a los sistemas de agua y saneamiento, incrementan las probabilidades de brotes de enfermedades infecciosas en los refugios temporales.

Para mitigar el riesgo, las autoridades han instado a la población que reside en las riberas de los ríos a desplazarse a zonas altas, evitar las orillas y seguir rigurosamente las indicaciones de los boletines meteorológicos y de inundación. Mientras tanto, los equipos de rescate se encuentran activos en la búsqueda de desaparecidos, la reapertura de vías clave y la instalación de sistemas de alerta temprana más eficientes. Las comunidades, por su parte, enfrentan la difícil tarea de reconstruir sus hogares y medios de vida, en un contexto marcado por una alta vulnerabilidad frente a nuevos desastres naturales.