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Castigo físico a los hijos puede llevarlo a prisión, advierte la Corte Suprema

📸 Imagen de referencia creada con IA
¿Castigo o violencia? La justicia colombiana dice basta

El dolor silencioso de una niña de cinco años resonó hasta las altas cortes de Colombia.

Bogotá, 9 de julio de 2025. La Corte Suprema de Justicia confirmó una condena emblemática: seis años de prisión para un padre acusado de golpear a su hija de cinco años, un acto que dejó a la menor con heridas que demandaron una incapacidad médica de ocho días y que la justicia calificó como violencia intrafamiliar agravada.

Los hechos, conocidos gracias a la oportuna reacción de la madre, que descubrió marcas visibles en la espalda y piernas de la pequeña, derivaron en una investigación del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y Medicina Legal. Los dictámenes periciales y testimonios sellaron la responsabilidad penal de un hombre que, en ese momento, tenía la custodia exclusiva de su hija.

En el fallo, la Corte fue contundente: el derecho y deber de los padres a educar no puede ni debe confundirse con la justificación del castigo físico o moral. Frente al argumento de la defensa que pretendía proteger los golpes como formas de corrección, el tribunal sentenció que interpretarlos así “constituye una lectura errada del ordenamiento legal y del tipo penal de violencia intrafamiliar”. Más que un método educativo, esas acciones son abusos que atentan contra la integridad y dignidad del niño.

La resolución va más allá de la privación de la libertad. Implica además la inhabilidad para ejercer funciones públicas durante el mismo periodo, y si bien la Corte redujo a seis meses la suspensión de la patria potestad, la condena marca un hito en el combate judicial contra el castigo corporal en el ámbito familiar.

Este caso abre una ventana a un debate profundo: ¿dónde termina la corrección y comienza la violencia? ¿Podrá Colombia dejar atrás prácticas que durante generaciones han quedado impunes bajo el pretexto de la autoridad parental? Mientras la esperanza se mueve hacia sistemas de crianza libres de maltrato, la sociedad enfrenta la urgente necesidad de proteger a sus niños con leyes claras y ejemplares.

La justicia colombiana ha dado un paso firme. Queda por ver si, al otro lado del tribunal, la voz de la infancia logra finalmente ser escuchada sin miedo ni silencio. ¿Un futuro sin golpes es posible? Las próximas historias lo dirán.

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