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¿Colombia a un paso del gris en la lucha contra la trata?
Este lunes 30 de septiembre de 2025, desde Washington, el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió su informe anual sobre trata de personas, colocando por primera vez en casi una década a Colombia en la categoría «Tier 2», una degradación que refleja serias preocupaciones en la protección y atención a las víctimas.
Desde mayo de 2024, cuando expiró un convenio clave entre el gobierno colombiano y una ONG que proporcionaba refugios y apoyo especializado a víctimas adultas de trata, la estructura de atención integral comenzó a resquebrajarse. Estos refugios de emergencia eran una red fundamental para quienes buscaban ayuda, y su desaparición dejó a muchos sin respuestas ni acompañamiento. El reporte estadounidense subraya que los servicios estatales existentes se limitaron a respuestas puntuales y urgentes, sin abordar el delicado proceso de recuperación a largo plazo que estas víctimas demandan.
Esta degradación no surge en el vacío. Se enmarca en un clima de creciente tensión bilateral: la cancelación de visas al presidente Gustavo Petro y su gabinete, la descertificación en materia antidrogas y la reducción en la identificación de víctimas y la persecución judicial en casos de trata. En paralelo, persisten fallas significativas en la capacitación de fiscales y jueces, sobre todo ante un aumento alarmante en delitos como la trata laboral y el reclutamiento forzado de menores, problemas difíciles de soslayar.
El gobierno estadounidense ha dejado claro que, si bien reconoce los esfuerzos colombianos, estos carecen de la profundidad y continuidad necesarias para revertir la tendencia. La advertencia es inequívoca: sin políticas consistentes y recursos adecuados, la protección de derechos queda en entredicho, y la sombra de la trata se alarga sobre la sociedad colombiana.
¿Podrá Colombia reconstruir los cimientos perdidos y recuperar la confianza internacional? Mientras tanto, la realidad sigue golpeando a miles de personas atrapadas en la invisibilidad, esperando que las decisiones políticas y humanitarias no sean solo palabras en un informe.

