La fiebre amarilla sigue cobrando vidas en Colombia.

El más reciente balance epidemiológico reportado por el Instituto Nacional de Salud registra 1.113 casos probables notificados durante 2026, de los cuales 58 han sido confirmados por laboratorio.

Pero la cifra más preocupante está en las muertes.

Durante el año se notificaron 28 fallecimientos entre los pacientes estudiados y 27 fueron confirmados como asociados a fiebre amarilla. Un caso fue descartado porque la causa de muerte correspondía a otra condición.

Esto deja al país con una letalidad preliminar del 46,5 %: prácticamente uno de cada dos casos confirmados durante 2026 ha terminado en muerte.

Tolima concentra el 95 % de los casos

El mapa del brote tiene un epicentro muy claro.

El 95 % de los casos confirmados durante 2026 procede del Tolima. Chaparral encabeza la lista con 21 casos, seguido de Icononzo con ocho, Cunday con siete y Ortega y Melgar con cinco cada uno.

También aparecen Carmen de Apicalá, Rioblanco, Purificación, Suárez, Dolores y Planadas. Fuera del Tolima, se han identificado dos casos en Paratebueno, Cundinamarca, y uno procedente de Villavicencio, Meta.

Y hay una novedad epidemiológica que merece atención: entre el 11 y el 17 de agosto fue confirmado un nuevo caso humano procedente de Paratebueno, señal de que la vigilancia no puede limitarse exclusivamente al Tolima.

Los monos están funcionando como una alarma

Las autoridades también vigilan lo que ocurre con los primates no humanos.

Durante 2026 se han confirmado preliminarmente 29 casos de fiebre amarilla en primates. Los hallazgos más recientes fueron detectados en zonas rurales de Purificación, Melgar e Icononzo, en Tolima.

Aquí hay una precisión importante para nuestra audiencia: los monos no transmiten directamente la fiebre amarilla a las personas. Son víctimas del virus, al igual que los humanos, y su enfermedad o muerte puede funcionar como una señal de alerta sobre la circulación viral en determinada zona.

La transmisión se produce a través de mosquitos infectados, principalmente de géneros como Haemagogus y Aedes.

El problema viene creciendo desde 2024

Las cifras muestran que Colombia enfrenta un fenómeno que trasciende 2026.

En 2024 se confirmaron 23 casos y 13 muertes. En 2025, fueron 125 casos procedentes de Colombia, además de tres importados, y se registraron 46 fallecimientos.

Entre 2024 y lo corrido de 2026, el INS contabiliza 206 casos confirmados adquiridos en Colombia y 86 muertes asociadas, para una letalidad acumulada del 41,7 %. Los casos han aparecido en 11 departamentos.

El Ministerio de Salud señala que el brote actual comenzó en septiembre de 2024 y ha advertido que existen 162 municipios clasificados como de muy alto riesgo, debido a condiciones ambientales favorables para la circulación del mosquito transmisor.

La principal defensa existe: vacunarse

Hay una paradoja detrás de estas cifras: la fiebre amarilla puede ser mortal, pero también es una enfermedad prevenible mediante vacunación.

El Ministerio de Salud asegura que la vacuna está disponible gratuitamente en Colombia y que la protección comienza aproximadamente diez días después de recibirla. La efectividad puede alcanzar hasta el 99 % un mes después de su aplicación.

Desde 2024 se han aplicado más de 4,5 millones de dosis en el país. Para la mayoría de las personas, una sola dosis proporciona protección de larga duración; las autoridades han establecido recomendaciones específicas de refuerzo para determinadas poblaciones y zonas de riesgo.

El Gobierno también ha asegurado que las vacunas del Programa Ampliado de Inmunizaciones están garantizadas durante 2026, después de que circularan versiones sobre posibles recortes.

Por eso, más allá de la cifra de contagios, el dato que obliga a mantener las alarmas encendidas es la severidad de la enfermedad: 58 casos confirmados pueden parecer pocos frente a otras epidemias, pero 27 de esas personas murieron.

Y mientras continúe detectándose el virus tanto en humanos como en primates, las autoridades mantienen la vigilancia para impedir que el foco actualmente concentrado en Tolima se extienda con mayor fuerza hacia otras regiones.