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Asesinan a familiar que pagó por la liberación de Lyan José Hortúa

# ¿Justicia Secuestrada?

Dolor y sombra. Son dos palabras que se entrelazan en Cali este jueves 18 de abril, apenas horas después de la liberación de Lyan José Hortúa, un niño que permaneció secuestrado durante 18 días en Jamundí, Valle del Cauca.

La noticia de la libertad del menor se vio empañada por un hecho violento en el barrio Bretaña, donde Antonio Cuadros, **primo del padrastro de Lyan José Hortúa**, fue víctima de un ataque sicarial. Según versiones oficiales, Cuadros recibió varios disparos en la calle 9E con 23, perdiendo la vida en el acto. Una mujer de 54 años que lo acompañaba resultó herida y fue atendida por las autoridades. Gerardo Mendoza, personero de Cali, confirmó que Cuadros jugó un papel decisivo en las negociaciones de rescate. «Antonio, al parecer, fue quien entregó el dinero para lograr la liberación del niño», afirmó Mendoza, con voz entrecortada por la conmoción.

Este episodio violento sucede en medio de una compleja y desgarradora trama. La familia de Lyan confirmó públicamente que, por la ausencia de avances claros en la investigación oficial, optaron por pagar un **rescate** para asegurar la liberación del menor. Sebastián Bonilla, tío de Lyan, reveló en entrevista su decisión: «Sí, pagamos un rescate». Un acto desesperado que habla de la falta de confianza en las instituciones encargadas de la seguridad y justicia.

El contraste es doloroso. Mientras el país celebraba la recuperación de un niño perdido, la muerte de Antonio Cuadros mostró cómo la violencia parece no dar tregua. La incertidumbre se amplía: ¿Cuáles serán las consecuencias de esta venganza? ¿Quiénes son los responsables? ¿Será posible que en este entramado de secuestro y pago, la justicia encuentre luz o simplemente perpetuará su propia sombra?

Las autoridades continúan investigando el móvil del homicidio y si está vinculado a la entrega del rescate. Sin embargo, para la comunidad y la familia, la violencia ha cobrado otra víctima que estaba en el corazón de la esperanza. Gerardo Mendoza lo expresó con tristeza: «Lo que ayer fue festejo hoy se convierte en luto».

En medio de una sociedad que clama por seguridad y transparencia, el destino de Antonio Cuadros y el caso de Lyan José Hortúa dejan heridas abiertas y preguntas que aún no tienen respuesta definitiva. ¿Podrá la justicia proteger a quienes arriesgan todo para salvar una vida? ¿O estamos condenados a ver más celebraciones truncadas por tragedias impunes?

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