Colombia enfrenta un escenario especialmente favorable para la propagación de incendios forestales. Menos lluvias, altas temperaturas, vegetación seca, fuertes corrientes de viento y prácticas humanas relacionadas con el uso del fuego están coincidiendo durante el denominado “veranillo” de julio y agosto, aumentando el riesgo de emergencias en diferentes regiones del país.
De acuerdo con el boletín de la Universidad de Medellín, basado en información del Ideam y la UNGRD, más de 600 municipios se encontraban en alerta roja, mientras se reportaban más de 20 incendios forestales activos y cerca de 80 ya liquidados. El profesor de Ingeniería Ambiental Jesús Adolfo Anaya explica que julio y agosto corresponden normalmente a un periodo de transición entre temporadas lluviosas, caracterizado por menores precipitaciones y mayores temperaturas.
Pero el clima no explica por sí solo el origen de las llamas. El experto advierte que numerosas emergencias pueden comenzar por actividades humanas como quemas de basura, residuos de cosechas, preparación de terrenos para cultivos o limpieza de potreros. Cuando estas prácticas coinciden con vegetación seca, altas temperaturas y viento, un pequeño foco puede convertirse rápidamente en un incendio de mayores proporciones.
La preocupación se extiende a los próximos meses. Según Anaya, advertencias internacionales de la NASA y la NOAA apuntan a la posible aparición de condiciones asociadas con El Niño, que podrían reducir las lluvias. El académico anticipa un escenario particularmente seco hacia noviembre y diciembre y, especialmente, durante enero, febrero y marzo de 2027.
Ante ese panorama, el llamado es a que alcaldías y consejos municipales refuercen desde ahora sus planes de prevención, adelanten campañas para el uso responsable del fuego y fortalezcan su capacidad de respuesta. La advertencia cobra especial relevancia en medio de los incendios que actualmente obligan a las autoridades nacionales a desplegar recursos y buscar cooperación internacional.





