📸 Cortesía: red social Instagram: @epa_colombia / El Espectador
¿Hambre tras los muros?
Este miércoles 4 de junio de 2025, desde el interior de la cárcel El Buen Pastor en Bogotá, la empresaria e influenciadora Daneidy Barrera Rojas, conocida como Epa Colombia, alzó su voz en un video que pronto se hizo viral: las internas enfrentan una realidad de hambre y desidia. La denuncia, contundente y dolorosa, reveló que las raciones de alimento son no solo insuficientes sino que, en ocasiones, llegan en condiciones deplorables, con alimentos descompuestos y la presencia aterradora de ratas.
Lo que expuso Barrera y sus compañeras no es solo una queja aislada, sino un grito colectivo desde la oscuridad de los muros carcelarios. “Estas mujeres están muertas del hambre, llevamos días sin comer, por favor, que nos ayuden”, afirmó, mientras otras reclusas confirmaban las horribles condiciones. Este reclamo revela, más allá del alimento, un vacío en la dignidad y el respeto a un derecho fundamental: la alimentación adecuada.
Ante la gravedad de los hechos, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario –INPEC– no tardó en reaccionar. El 5 de junio, su director, el coronel Daniel Gutiérrez, reconoció en conferencia de prensa las “deficiencias en infraestructura, salud y, sobre todo, alimentación” en las cárceles del país, y admitió que en El Buen Pastor se han presentado fallas en la entrega oportuna, la calidad y el gramaje de los alimentos. La responsabilidad apuntó a la Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios –USPEC–, encargada de contratar y supervisar el suministro de los alimentos, quienes gestionan el contrato vigente desde el 30 de abril de 2025 hasta el 31 de julio de 2026, adjudicado a la Unión Temporal Servir Uspec.
Así, frente a la presión pública y la evidencia irrefutable, el INPEC anunció la creación de mesas de trabajo junto a la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría, buscando articular soluciones integrales que garanticen no solo el derecho a la alimentación, sino también la dignidad de quienes cumplen su condena en este emblemático centro penitenciario. Pero la pregunta permanece: ¿cuánto tiempo más será necesaria esta indignación para que se erradiquen las sombras de hambre que aún persisten tras esos muros?


