Al menos 1.287 personas han perdido la vida y otras 5.083 continúan desaparecidas tras las devastadoras inundaciones y deslizamientos que azotan Nepal desde finales de agosto. Así lo han confirmado la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres y la policía nepalesa en un reporte dado a conocer en la madrugada del sábado 5 de septiembre de 2026, hora de Colombia.

La tragedia se originó el 26 de agosto de 2026, cuando un colapso glaciar y de montaña en la región fronteriza entre Nepal y China dio lugar a una riada súbita. Esta avalancha de agua, barro y rocas arrasó con comunidades enteras, destruyó infraestructuras viales y dañó seriamente centrales hidroeléctricas, dejando tras de sí un panorama desolador en al menos ocho distritos afectados, entre ellos Chitwan, Nawalparasi Este y Oeste, Rasuwa, Nuwakot y Dhading, donde se concentra la mayoría de las víctimas fatales.

Las autoridades reportan la recuperación de más de 1.200 cuerpos y restos humanos, mientras que los desaparecidos, que incluyen personas aún no localizadas así como cuerpos no identificados, suman más de cinco mil, cifra que podría fluctuar conforme avancen las labores de búsqueda y registro. Asimismo, se calcula que más de 800 extranjeros, entre montañistas y peregrinos, permanecen sin contacto, aunque no todos figuran en el conteo oficial hasta el momento.

Además del trágico costo humano, el impacto económico y material es inmenso. El Gobierno de Nepal estima pérdidas que superan los 2.560 millones de dólares, con aproximadamente 7.500 viviendas totalmente destruidas y unas 20.000 que requerirán reconstrucción. En total, cerca de 1,6 millones de personas han resultado afectadas, muchas de las cuales han debido desplazarse de sus localidades, mientras infraestructuras clave como carreteras, puentes y proyectos hidroeléctricos han quedado severamente dañadas.

Desde el estallido de la tragedia, las autoridades nepalesas, en coordinación con fuerzas de seguridad y equipos internacionales, han desplegado operaciones de rescate que incluyen el uso de helicópteros, maquinaria pesada y brigadas especializadas. Estos esfuerzos se concentran en acceder a zonas remotas para localizar supervivientes y recuperar cuerpos, al tiempo que se intensifica la evaluación de daños y la distribución de ayuda humanitaria.

Las autoridades han advertido que el balance de víctimas podría elevarse conforme se identifiquen nuevos cuerpos y se reciban reportes desde las áreas más inaccesibles del territorio afectado, por lo que la tragedia aún está lejos de ser totalmente dimensionada.