
Diecisiete días después de que la Secretaría de Salud de Medellín ordenara el cierre del rancho de comidas en la cárcel Pedregal, las condiciones precarias en las que se preparan los alimentos para los 4.300 hombres y mujeres que cumplen condena en este lugar aún no han sido resultados, generando un malestar generalizado.
La visita realizada por las autoridades sanitarias reveló una alarmante situación: encharcamientos, hongos y olores náuseas impregnaban el rancho de comidas. A pesar del cierre ordenado, estos problemas persisten, lo que ha obligado a trasladar la preparación de las comidas a un lugar externo al establecimiento carcelario. Sin embargo, esta medida no ha solucionado el grave problema.
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Silvia Irene Arango, madre de una mujer detenida en Pedregal, denunció la difícil situación que están enfrentando los reclusos. Según Arango, los alimentos llegan a destiempo y en estado de deterioro, lo que ha llevado a una situación de desesperación entre los internos.
«Los están dejando morir de hambre. Les dan comida ‘incomible’ llena de hongos y hasta papas podridas. Muchas veces solo les llega una o, como máximo, dos comidas al día», declaró Arango.
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Las quejas y denuncias de los familiares se han multiplicado en los últimos días, exigiendo una respuesta urgente de las autoridades competentes. La Secretaría de Salud de Medellín se ha comprometido a investigar a fondo las denuncias ya tomar medidas correctivas inmediatas.
Ante esta situación, la Defensoría del Pueblo ha manifestado su preocupación y ha llamado la atención sobre la importancia de garantizar el respeto a los derechos humanos de los internos, incluyendo el acceso a una alimentación adecuada.



