📸 Cortesía: D.R.A. – Captura de pantalla
¿Quién dirigió la sombra sobre Modelia?
Un mes exacto ha pasado desde que un disparo irrumpió la calma del barrio Modelia, en Bogotá, y marcó la vida del senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. La madrugada del 7 de junio de 2025, la bala que alcanzó su cabeza dejó una herida profunda no solo en su cuerpo, sino en la confianza de una nación que aún espera respuestas. Aunque el senador permanece en estado crítico en la Clínica Fundación Santa Fe, las autoridades han conseguido avances decisivos: cinco detenidos, entre ellos el cerebro detrás del atentado.
La captura llegó tras un trabajo minucioso e internacional contra el reloj. El sábado 5 de julio, en Engativá, noroccidente de Bogotá, miembros de la Policía Nacional bajo la dirección del general Carlos Fernando Triana lograron arrestar a Elder José Arteaga Hernández —alias “El Costeño” o “Chipi”— señalado como el coordinador principal del ataque. Solo horas antes, Interpol había emitido una notificación roja, acto que presionó el despliegue policial y aceleró la caída de este hombre que, según las investigaciones, manejó hasta mil millones de pesos para montar la operación criminal.
Pero el complot traspasó la mera planificación logística. El atentado movilizó a un grupo heterogéneo donde la violencia cortó la inocencia: entre ellos, una adolescente de 14 años, apodada “Tians”, y un joven de apenas 15 años, quien apretó el gatillo y disparó tres veces contra Uribe Turbay. Dos impactos en la cabeza y uno en la pierna, relatan la reconstrucción oficial, que apunta a días de vigilancia y ensayos previos en el escenario de horror. La pistola Glock que cegó la vida normal fue rastreada hasta Arizona, Estados Unidos, un pequeño detalle que delata la globalización del crimen.
A día de hoy, la Fiscalía General y la Policía Nacional mantienen el pulso firme pero la sombra de los autores intelectuales persiste. La maquinaria judicial se enfrenta a la incógnita de quién, más allá de los sicarios y coordinadores apresados, ordenó y financió el intento de asesinato. La ciudadanía observa, con ansiedad y desconfianza, el lento avance de un proceso donde la transparencia parece dilatar la esperanza.
¿Podrá la justicia desentrañar todos los hilos que tejieron esta trama? Mientras el país se pregunta por el alcance real del atentado, las heridas aún no cicatrizan. El silencio se rompe solo con el eco de las balas que resonaron una noche de junio, y con la urgencia de que la verdad salga a la luz, sin más demoras ni sombras.

