La decisión del Gobierno de Abelardo De La Espriella de abrir nuevamente la puerta a la aspersión aérea reactivó una discusión que Colombia mantiene desde hace décadas: ¿la fumigación es una herramienta efectiva contra los cultivos de coca o termina trasladando sus costos a las comunidades y al medioambiente?

Aunque el Consejo Nacional de Estupefacientes derogó la resolución que suspendía el uso aéreo del glifosato, el presidente ha dicho que su intención es estudiar otras sustancias antes de retomar este herbicida.

“No lo vamos a hacer con glifosato, lo vamos a hacer con bioherbicidas. Seremos respetuosos de todo el ordenamiento jurídico”, manifestó De La Espriella antes de asumir la Presidencia.

El Gobierno también anunció una prueba piloto con glufosinato de amonio, otro herbicida cuya eficacia y posibles efectos deberán ser evaluados.

¿Por qué se suspendió el glifosato?

La aspersión aérea fue suspendida en 2015 después de que la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, vinculada a la Organización Mundial de la Salud, clasificara el glifosato como una sustancia “probablemente cancerígena para los humanos”.

La decisión también estuvo sustentada en el principio de precaución y en las denuncias sobre posibles afectaciones a la salud, fuentes hídricas, animales, cultivos legales y ecosistemas ubicados cerca de las plantaciones de coca.

Posteriormente, la Corte Constitucional estableció que cualquier intento de reanudar la aspersión debía garantizar la participación de las comunidades y demostrar que los riesgos ambientales y sanitarios serían controlados.

Gobierno cita nuevos estudios

Para justificar la revisión de la suspensión, el Consejo Nacional de Estupefacientes citó pronunciamientos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y de autoridades europeas que consideran que el glifosato no es probablemente cancerígeno para los seres humanos cuando se utiliza bajo determinadas condiciones.

La resolución ordena que esos estudios sean evaluados por el Instituto Nacional de Salud antes de cualquier decisión.

No obstante, el debate científico continúa abierto. La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas ha advertido que el herbicida puede causar lesiones graves en los ojos y que es tóxico para la vida acuática.

Además, las evaluaciones sobre su utilización agrícola no necesariamente responden todas las preguntas relacionadas con su aplicación desde aeronaves sobre territorios habitados.

¿Qué es el glufosinato de amonio?

El glufosinato de amonio es un herbicida utilizado para controlar malezas y plantas no deseadas. Aunque su composición y mecanismo de acción son diferentes a los del glifosato, su uso tampoco está libre de controversias ambientales y sanitarias.

La prueba piloto anunciada por el Gobierno buscará establecer:

Su eficacia para destruir plantas de coca.
La cantidad necesaria para cada hectárea.
Los riesgos para la salud humana.
Los efectos sobre cultivos legales y ecosistemas.
Su capacidad para cumplir las condiciones establecidas por la Corte Constitucional.

Que el producto sea presentado como una alternativa no significa que pueda utilizarse automáticamente. También deberá superar las evaluaciones ambientales y sanitarias correspondientes.

Cultivos de coca alcanzaron niveles históricos

El más reciente monitoreo oficial disponible, elaborado con apoyo de Naciones Unidas, registró 261.000 hectáreas de coca en 2024, la cifra más alta del siglo XXI.

El Gobierno De La Espriella calcula que actualmente podrían existir cerca de 330.000 hectáreas, aunque esta estimación deberá ser contrastada con un nuevo informe oficial.

Los cultivos se concentran especialmente en el Pacífico, Nariño, Putumayo y Catatumbo, territorios donde estructuras armadas controlan diferentes eslabones de la producción y comercialización de cocaína.

Mientras el área cultivada aumentó, la erradicación manual forzosa apenas superó las 9.400 hectáreas durante 2024.

¿La fumigación soluciona el problema?

Quienes respaldan la aspersión aseguran que permite intervenir grandes extensiones con mayor rapidez y reduce la exposición de policías y erradicadores a minas antipersonal, ataques armados y explosivos.

Sus críticos advierten que destruir las plantas no elimina las redes criminales, las rutas del narcotráfico ni las condiciones de pobreza que llevan a las comunidades a sembrar coca.

También señalan que los cultivos pueden ser trasladados a otras zonas después de una fumigación, fenómeno conocido como “efecto globo”.

Centros especializados en política de drogas han recomendado combinar la persecución de grandes cargamentos y organizaciones criminales con vías, energía, mercados legales y alternativas económicas para los campesinos.