Estados Unidos y Venezuela firmaron un acuerdo energético sin precedentes que otorga a Washington control directo y preferencial sobre aproximadamente el 21% de las reservas petroleras venezolanas, mediante una concesión de muy largo plazo a la empresa privada North American Blue Energy Partners (Nabep). Este pacto ha sido presentado por la Casa Blanca como el mayor acuerdo petrolero de la historia reciente entre ambos países.
Detalles del acuerdo y alcance de las reservas
El convenio se basa en la explotación de 17 yacimientos petroleros ubicados principalmente en la Faja Petrolífera del Orinoco y zonas cercanas al lago de Maracaibo, que contienen reservas estimadas en alrededor de 65.000 millones de barriles de crudo pesado y extrapesado. Esta cifra supera las reservas probadas actuales de Estados Unidos, calculadas en 46.000 millones de barriles.
Según análisis de Gas Energy Latin America, la recuperación técnica estimada de estos campos es cercana al 20%, lo que implica decenas de miles de millones de barriles técnicamente recuperables bajo supuestos conservadores. Sin embargo, convertir estas reservas en producción comercial requerirá inversiones masivas y tecnología avanzada.
Estructura societaria y participación estadounidense
El acuerdo está articulado a través de Nabep, una petrolera privada con sede en el Caribe y considerada ya la segunda mayor operadora privada en Venezuela. La empresa recibió una concesión que podría extenderse por varias décadas o incluso hasta un siglo para desarrollar los campos y comercializar el crudo extraído.
Sobre la distribución exacta del control societario persisten versiones encontradas. Informes atribuidos a Reuters y The Economist indican que Estados Unidos controlaría una participación mayoritaria —alrededor del 55%— en la empresa creada para explotar los yacimientos, mientras Nabep tendría el restante 45%. Por otro lado, reportes como los de The Wall Street Journal sugieren que el gobierno estadounidense tendría una participación pasiva cercana al 35% en Nabep, pero con derechos reforzados para adquirir a precio de costo una porción fija del crudo producido, además de prioridad para comprar el resto.
En todos los escenarios, Washington asegura influencia significativa en la gobernanza de la compañía, incluyendo capacidad de veto y exigencia de mayoría de directores estadounidenses en la junta.
Inversiones, controversias y contexto político
El desarrollo efectivo de estos campos demanda inversiones estimadas en cerca de 100.000 millones de dólares para infraestructura, mejoradores de crudo pesado, expansión de oleoductos y terminales. Sin embargo, ni la administración estadounidense ni el gobierno interino venezolano han detallado con claridad el origen de estos recursos.
La presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez, ha señalado que el acuerdo permitiría atraer inversión extranjera significativa y generar ingresos fiscales y regalías superiores a 200.000 millones de dólares en las próximas décadas. No obstante, medios especializados han cuestionado la capacidad financiera de Nabep para cubrir por sí sola esta inversión, calificando las metas como poco realistas.
El principal beneficiario privado del pacto es el empresario venezolano Alejandro Betancourt, accionista mayoritario de Nabep y figura controvertida por presuntas vinculaciones con casos de corrupción durante gobiernos previos en Venezuela. Su papel ha generado críticas dentro y fuera del país, reavivando el debate sobre los llamados “bolichicos”, empresarios enriquecidos bajo el chavismo que reaparecen en este acuerdo estratégico.
En el plano internacional, el convenio ha generado preocupación en países como Rusia y China, principales socios energéticos y acreedores de Venezuela en la última década, pues altera equilibrios geopolíticos dentro del mercado global del crudo. En Caracas, sectores del chavismo histórico, la oposición y sindicatos petroleros han cuestionado la opacidad del acuerdo, su duración indefinida y la entrega de un recurso estratégico a un consorcio dominado por intereses estadounidenses y un empresario con historial polémico.
Mientras tanto, Washington promociona este pacto como una victoria estratégica que multiplica sus reservas petroleras bajo control y asegura un flujo prolongado de crudo a bajo costo para su economía y reserva estratégica. Sin embargo, expertos advierten que convertir este control en producción real tomará tiempo, dependerá de la estabilidad política venezolana y enfrentará retos ambientales en un contexto global de transición energética.





