La diabetes ha tomado tanta fuerza en las últimas décadas que es considerada por organismos sanitarios como una epidemia mundial de enfermedad no transmisible: afecta a personas de todas las edades y países, especialmente a quienes tienen sobrepeso, obesidad, antecedentes familiares o poca actividad física. Su expansión ocurre actualmente por el envejecimiento de la población, los cambios en la alimentación, el sedentarismo y las desigualdades en el acceso a la prevención, el diagnóstico y el tratamiento. Aunque no es contagiosa, la diabetes puede avanzar durante años sin síntomas y causar daños graves si no se detecta y controla a tiempo.

¿La diabetes puede considerarse una pandemia?

En sentido estricto, el término pandemia suele utilizarse para describir enfermedades infecciosas que se extienden por varios países o continentes. Como la diabetes no se transmite entre personas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros organismos suelen referirse a ella como una epidemia mundial, una crisis global o una enfermedad crónica de gran magnitud.

La diabetes tipo 2 concentra la mayoría de los casos y está relacionada con factores como el exceso de peso, la inactividad física y la edad. La Federación Internacional de Diabetes también ha advertido sobre su expansión sostenida y sobre la cantidad de personas que pueden vivir con la enfermedad sin saberlo.

¿Por qué ha aumentado tanto y a quién afecta?

El crecimiento de la diabetes no tiene una sola explicación. La alimentación con abundancia de productos ultraprocesados, bebidas azucaradas y alimentos con alta densidad calórica se combina con trabajos sedentarios, transporte motorizado y menos actividad física cotidiana. A esto se suman el envejecimiento poblacional, la urbanización y las dificultades que enfrentan muchas comunidades para acceder a alimentos saludables, espacios seguros para ejercitarse y servicios médicos.

La diabetes tipo 2 es más frecuente en adultos mayores, aunque cada vez se diagnostica más en adultos jóvenes y, en algunos países, en adolescentes.

La diabetes tipo 1 tiene un origen diferente: es una enfermedad autoinmunitaria en la que el organismo destruye las células del páncreas que producen insulina. No aparece por comer azúcar ni puede prevenirse mediante cambios en el estilo de vida. Por su parte, la diabetes gestacional surge durante el embarazo y eleva el riesgo posterior de diabetes tipo 2 para la madre y el hijo.

Consecuencias de no tratarla a tiempo

La glucosa elevada de manera persistente puede dañar los vasos sanguíneos y los nervios. Entre las principales complicaciones están la enfermedad cardiovascular, el infarto, el accidente cerebrovascular y la insuficiencia cardíaca. También puede provocar enfermedad renal crónica, con progresión eventual a diálisis o trasplante, además de retinopatía diabética, deterioro de la visión y posible ceguera.

En los pies, la neuropatía puede causar dolor, debilidad o pérdida de sensibilidad. Esto facilita la aparición de heridas, úlceras e infecciones que cicatrizan lentamente y, en casos avanzados, pueden llevar a amputaciones. La enfermedad también se relaciona con problemas dentales, mayor susceptibilidad a ciertas infecciones y complicaciones durante el embarazo.

Algunas descompensaciones son urgencias médicas. La diabetes tipo 1 puede producir cetoacidosis diabética, con náuseas, vómitos, dolor abdominal, respiración acelerada, somnolencia o confusión. El estado hiperosmolar también requiere atención inmediata.

¿Cómo saber si una persona tiene diabetes?

Los síntomas no bastan para confirmar el diagnóstico. Las pruebas utilizadas incluyen la hemoglobina glucosilada o HbA1c, la glucosa plasmática en ayunas, la prueba oral de tolerancia a la glucosa y la medición de glucosa en cualquier momento cuando existen señales claras.

Cuando no hay síntomas inequívocos, un resultado alterado suele confirmarse mediante una segunda prueba o una repetición, según los criterios clínicos aplicables. Los glucómetros domésticos sirven para el seguimiento, pero no reemplazan los análisis de laboratorio. Las recomendaciones actuales promueven ampliar el cribado en adultos con factores de riesgo y realizarlo a edades más tempranas cuando hay sobrepeso, obesidad u otras condiciones asociadas.

Las señales más comunes son sed excesiva, necesidad frecuente de orinar, hambre intensa, cansancio, visión borrosa, pérdida de peso no intencional, heridas que tardan en sanar, infecciones recurrentes, picazón, sequedad de la piel, hormigueo o pérdida de sensibilidad en manos y pies. La diabetes tipo 2 puede permanecer silenciosa, por lo que los controles médicos son importantes incluso cuando no hay síntomas.

¿Es curable y cuáles son los tratamientos actuales?

La diabetes tipo 1 no tiene cura actualmente, pero puede controlarse con insulina, monitoreo de glucosa, alimentación adecuada y seguimiento médico. La diabetes tipo 2 tampoco suele considerarse curable, aunque algunas personas pueden alcanzar una remisión después de una pérdida de peso significativa, cambios intensivos en el estilo de vida o cirugía metabólica. La remisión requiere vigilancia porque la enfermedad puede reaparecer.

El tratamiento debe individualizarse según el tipo de diabetes, la edad, el peso, la función renal y cardíaca, el riesgo de hipoglucemia, el costo y las preferencias del paciente. La metformina continúa siendo útil para muchas personas, pero no necesariamente es el primer paso obligatorio en todos los casos.

Entre las alternativas más recientes están los inhibidores de SGLT2, que pueden ofrecer beneficios frente a la insuficiencia cardíaca y la enfermedad renal en pacientes seleccionados. Los medicamentos basados en GLP-1 ayudan a controlar la glucosa, favorecen la pérdida de peso y pueden brindar protección cardiovascular y renal. La tirzepatida actúa sobre las vías GLP-1 y GIP y se utiliza en determinados pacientes bajo indicación médica. La insulina sigue siendo indispensable para la diabetes tipo 1 y puede requerirse en la tipo 2 cuando otros tratamientos no funcionan o existe una descompensación importante.

También puede considerarse la finerenona en algunos pacientes con diabetes tipo 2, enfermedad renal crónica y albuminuria. El monitoreo continuo de glucosa es otra herramienta disponible para ciertos pacientes, pero todas estas opciones deben ser definidas por un profesional de la salud. Prevenir complicaciones exige controlar no solo la glucosa, sino también la presión arterial, el colesterol, el peso corporal y el consumo de tabaco.

Preguntas frecuentes

¿Por qué ha aumentado tanto la diabetes en el mundo?

Su aumento se relaciona con el envejecimiento de la población, la alimentación con productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, el sedentarismo y la urbanización. También influyen las desigualdades en el acceso a alimentos saludables, actividad física, prevención, diagnóstico y tratamiento.

¿Cuáles son los síntomas más comunes de la diabetes?

Las señales pueden incluir sed excesiva, necesidad frecuente de orinar, hambre intensa, cansancio, visión borrosa, pérdida de peso no intencional y heridas que tardan en sanar. La diabetes tipo 2 puede permanecer sin síntomas durante años, por lo que los controles médicos son importantes aunque la persona se sienta bien.

¿La diabetes tiene cura y cómo se trata?

La diabetes tipo 1 no tiene cura actualmente y se controla principalmente con insulina, monitoreo de glucosa, alimentación adecuada y seguimiento médico. La diabetes tipo 2 puede alcanzar una remisión en algunas personas mediante pérdida significativa de peso, cambios intensivos en el estilo de vida o cirugía metabólica, además de tratamientos individualizados como metformina, inhibidores de SGLT2 o medicamentos basados en GLP-1.