El impuesto del 4×1000 nació en Colombia como una medida para fortalecer las finanzas públicas y aumentar los ingresos del Gobierno Nacional en 1999, bajo el mandato de Andrés Pastrana, y como una respuesta a la necesidad de recaudar fondos para financiar proyectos y programas de desarrollo social y económico; sin embargo, la propuesta inicial era que el pago de este impuesto sería únicamente por un año. 

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El impuesto se basa en un porcentaje de cuatro pesos por cada 1.000 pesos en movimientos financieros, que incluyen depósitos, retiros, transferencias, entre otros. Es recaudado por los bancos y luego transferido al Gobierno, con algunas excepciones y límites establecidos por la ley.

El objetivo principal de este impuesto es generar recursos adicionales para el Estado y contribuir a la financiación de gastos públicos en áreas como educación, salud, infraestructura y programas sociales. Además, se considera una herramienta para combatir la evasión fiscal y promover una mayor formalización de las transacciones financieras.



A lo largo de los años, el impuesto del 4×1000 ha sido objeto de debate y críticas por parte de diversos sectores, quienes argumentan que puede representar una carga adicional para los ciudadanos y afectar la dinámica económica. Como resultado, se han realizado modificaciones y ajustes a lo largo del tiempo, con el objetivo de hacerlo más equitativo y ajustado a la realidad económica del país.

Es importante destacar que el impuesto del 4×1000 ha sido una fuente importante de ingresos para el Gobierno colombiano, permitiéndole financiar diversos programas y proyectos de desarrollo. Sin embargo, también ha sido objeto de revisión y ajustes en busca de un equilibrio entre la recaudación fiscal y el impacto en la economía del país.