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¿La política en Colombia, profesión peligrosa?
“Es la profesión del peligro”, así definió el presidente del Senado, Lidio García Turbay, la realidad que atraviesa la política colombiana. Estas palabras resonaron con fuerza este agosto de 2025, tras el grave atentado que sufrió el senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay. En una serie de entrevistas publicadas entre el 10 y 11 de agosto, desde Bogotá, García lanzó un llamado urgente al Gobierno para que baje la polarización y evite un repunte de la violencia política que ya amenaza al país.
Este lunes 10 de agosto, Lidio García, líder elegido del Congreso para el periodo 2025-2026, reflexionó sobre el atentado que dejó herido al senador Uribe. Para él, que la violencia contra figuras políticas se vuelva cotidiana “no puede normalizarse”. Más aún, advierte, podría ser la chispa que encienda una escalada de agresiones. Estas declaraciones no surgen en el vacío: en un contexto de creciente tensión y alertas por la seguridad de otros líderes públicos, García, elegido con 97 votos y cercano al expresidente César Gaviria, pone sobre la mesa la gravedad del momento.
Desde la capital colombiana, el presidente del Senado repasó las causas de esta crisis. Según García, la polarización “profunda y grave” que divide al país no solo erosiona la institucionalidad sino que pone en riesgo la vida de quienes la representan. El atentado contra Miguel Uribe es una prueba de cómo los odios amplificados en redes sociales pueden desencadenar violentos actos físicos, una cadena peligrosa que urge romper.
¿Cuál es la receta para salvar la democracia? García insiste en “bajar los ánimos”, evitar los discursos incendiarios que muchas veces provienen desde el poder y conducir los debates por las vías institucionales. No sin crítica, advierte contra imposiciones y “mensajes de división constante”, que lejos de construir consenso solo provocan más fragmentación. Su llamado, en definitiva, es a recuperar la política como espacio de diálogo y respeto, antes de que el peligro se vuelva irreversible.
La sociedad colombiana observa con preocupación y se pregunta: ¿será posible revertir esta deriva? ¿Podrá un país vibrante y diverso, marcado por sus contradicciones, encontrar un camino para desactivar tanto odio? El desafío, dice Lidio García, es inmenso. Pero la alternativa es vivir en un escenario donde la violencia política deje de ser la excepción para convertirse en norma. La pregunta queda flotando: ¿estamos dispuestos a permitirlo?

