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Eric Schmidt y la carrera imparable de la inteligencia artificial
La promesa y la amenaza de un futuro que ya está aquí.
El pasado 15 de mayo en el encuentro TED 2025, Eric Schmidt, ex director ejecutivo de Google, lanzó una advertencia que no puede pasar desapercibida: la **inteligencia artificial** avanza a un ritmo vertiginoso, más rápido que la capacidad de adaptación de gobiernos, empresas y ciudadanos. Desde Faena Rose, donde presentó su libro «Genesis: Artificial Intelligence, Hope and the Human Spirit», Schmidt planteó una realidad inquietante: «Nuestros sistemas no están preparados para esto».
Quien lideró Google entre 2001 y 2011 no habla desde la teoría; su experiencia respalda que la ola tecnológica que vivimos supera la comprensión colectiva. Según Schmidt, la **inteligencia artificial** no solo duplicará la productividad de trabajadores del conocimiento, sino que transformará radicalmente profesiones tradicionalmente consideradas como «humanas»: medicina, leyes, programación… El ejemplo que compartió es tajante: “Si fuera programador hoy, la mitad de mi código lo escribiría la computadora”.
Las repercusiones son visibles y urgentes. Durante su charla, Schmidt alertó sobre el riesgo de irrelevancia para profesionales de sectores tan diversos como el arte, la educación, la medicina o la dirección de empresas si se niegan a adoptar esta tecnología. La automatización, advierte, no solo eliminará empleos; marcará un cambio profundo en las formas de trabajo y conocimiento. Si bien históricamente la tecnología ha desplazado tareas repetitivas o peligrosas y ha abierto nuevas oportunidades, esta vez el desafío parece inédito. Schmidt invita a reflexionar: ¿estamos preparados para enfrentar los riesgos existenciales que esta transformación trae consigo?
La conversación sobre la **inteligencia artificial** ya no es un asunto técnico encerrado en laboratorios o Silicon Valley. Es una cuestión social, política y cultural con consecuencias directas en la vida de millones. La pregunta que queda flotando es si nuestras instituciones —y nosotros mismos como sociedad— lograremos mantener el paso de una innovación que parece no detenerse. ¿Podrán los gobiernos legislar a tiempo? ¿Estarán las empresas y los trabajadores dispuestos a reinventarse? Schmidt no ofrece un mapa claro, solo nos sitúa frente a un espejo que refleja la velocidad de un cambio que, sin duda, nos desafía a todos.


