Un barco cargado con 30.000 toneladas de arroz paddy y azúcar refinada atracó recientemente en el puerto de Guaranao, ubicado en la península de Paraguaná, Venezuela, en una operación que ha sido denunciada por productores locales como parte de un esquema de importaciones privilegiadas que benefician a grupos agroindustriales vinculados a capital chino y afectan la rentabilidad del sector agrícola nacional.

Operación en puerto inusual y sus implicaciones

La embarcación descargó aproximadamente la mitad de su carga en arroz paddy y la otra mitad en azúcar refinada. Sin embargo, esta operación se realizó en el puerto de Guaranao, una elección inusual frente al tradicional Puerto Cabello, principal punto de entrada para alimentos e insumos en Venezuela. Según fuentes del sector agrícola, esta decisión encareció el flete y evitó el escrutinio público y gremial, consolidando ventajas fiscales y logísticas para un reducido grupo de empresas que trabajan con materia prima importada más barata.

Beneficiarios y discrepancias en el origen del cargamento

El principal beneficiario identificado es la empresa MICEVEN C.A., propietaria de las marcas Arroz Kaly y Harina Kaly, con planta en Araure, estado Portuguesa, controlada por el empresario Fei Luo. Esta empresa accede a arroz paddy importado a precios inferiores a los costos de producción nacional, lo que le permite sostener su oferta con materia prima extranjera. La documentación oficial registra el origen del cargamento como Brasil, aunque fuentes señalan que provendría presuntamente de Guyana, replicando un patrón previamente documentado en otras operaciones.

Impacto en el mercado arrocero venezolano

La llegada masiva de arroz importado se produce en un contexto crítico para el sector arrocero venezolano. La Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) ha denunciado la entrada de más de 300.000 toneladas de arroz importado en lo que va de 2026, superando ampliamente el volumen estimado necesario para complementar el consumo nacional. Esta sobreoferta coincide con el pico de la cosecha local en estados como Portuguesa y Guárico, donde silos quedaron ocupados por grano extranjero, desplazando al arroz nacional y obligando a agricultores a vender por debajo de sus costos para evitar pérdidas.

La reducción en los precios pagados al productor ha sido significativa, con una caída cercana al 35%, afectando la rentabilidad del sector. Mientras producir una tonelada de arroz en Venezuela cuesta entre 600 y 630 dólares, el producto importado ingresa a valores entre 270 y 380 dólares por tonelada, con exoneración total de IVA y aranceles. El agroproductor exiliado Miguel Arvelaiz explicó que este fenómeno provoca que molinos nacionales rechacen el grano local debido a la ocupación de depósitos con producto importado.

Además, investigaciones periodísticas han revelado mecanismos comerciales y aduaneros asociados a estas operaciones, incluyendo modificaciones en consignatarios y orígenes declarados durante el tránsito marítimo, así como la utilización de empresas offshore vinculadas a actores políticos. También se ha documentado la llegada de barcos como el Cleante, que ingresan arroz y salen con chatarra ferrosa y materiales industriales estratégicos como mecanismo para sortear restricciones financieras internacionales.

En conjunto, este caso evidencia un patrón donde convergen importaciones masivas, uso discrecional de puertos y sistemas aduaneros, ventajas fiscales concentradas y posibles vínculos político-empresariales, generando un impacto directo sobre la rentabilidad del productor venezolano y configurando un mercado interno cada vez más dependiente de materia prima extranjera.