A las 9:41 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, mientras el mundo contemplaba con incredulidad el desastre que se desarrollaba en Nueva York, el fotógrafo de Associated Press, Richard Drew, levantó su cámara y captó una secuencia de imágenes desde las inmediaciones del World Trade Center.

Entre ellas quedó una fotografía que con el tiempo sería conocida como The Falling Man, El hombre que cae.

En la imagen aparece un hombre descendiendo verticalmente entre las dos torres. Su cuerpo parece perfectamente alineado con la arquitectura del edificio y, durante años, aquella fotografía generó incomodidad, debate y hasta rechazo en parte de la opinión pública. Algunos medios dejaron de publicarla debido a la enorme carga emocional que provocaba.

Pero detrás de aquella imagen había una persona.

El hombre nunca fue identificado oficialmente. Una de las hipótesis más difundidas señala a Jonathan Briley, de 43 años, quien trabajaba como técnico de sonido en el restaurante Windows on the World, ubicado en la Torre Norte.

La investigación periodística realizada por Tom Junod para Esquire encontró coincidencias entre la persona de la fotografía y Briley, entre ellas su complexión física, la ropa que acostumbraba utilizar y otros detalles reconocidos por personas cercanas a él. Sin embargo, la propia familia expresó posteriormente dudas sobre que pudiera afirmarse con certeza que Briley fuera el hombre de la fotografía.

Por eso, 25 años después, The Falling Man sigue siendo un misterio.

La fotografía también abrió una discusión difícil: ¿cómo recordar a las víctimas sin convertir su tragedia en espectáculo? Para muchos, aquella imagen representaba el horror de una mañana en la que miles de personas quedaron atrapadas en las Torres Gemelas. Para otros, mostraba una dimensión de la tragedia que resultaba demasiado dolorosa para ser publicada.

Los atentados del 11 de septiembre dejaron 2.977 víctimas mortales, además de miles de sobrevivientes y personas que posteriormente sufrieron consecuencias físicas y psicológicas relacionadas con la tragedia.

Este 11 de septiembre de 2026, cuando Estados Unidos y el mundo conmemoran los 25 años de los atentados, la imagen vuelve a aparecer en las conversaciones sobre memoria y periodismo.

Pero quizá la pregunta más importante no sea quién era exactamente el hombre de la fotografía.

Quizá sea recordar que, antes de convertirse en una de las imágenes más conocidas del 11-S, aquel hombre tenía un nombre, una familia, un trabajo, amigos y una vida.

No era un símbolo. Era una persona.

Y detrás de aquella fotografía hay, como detrás de cada una de las casi 3.000 víctimas del 11 de septiembre, una historia que merece ser recordada.