La Universidad Pontificia Bolivariana nació en 1936 con 78 estudiantes y una carrera. Nueve décadas después, su campus es uno de los grandes referentes educativos, culturales y urbanísticos de Medellín.

Hay lugares de Medellín que hacen parte de la memoria de varias generaciones y la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) es uno de ellos. Este 15 de septiembre, la institución cumple 90 años de historia, marcada no solo por la formación de miles de estudiantes, sino también por su influencia en el desarrollo de la ciudad.

La historia comenzó el 15 de septiembre de 1936, cuando el arzobispo de Medellín, monseñor Tiberio de Jesús Salazar y Herrera, firmó el decreto que dio vida a la entonces Universidad Católica Bolivariana.

Un grupo de profesores y estudiantes conservadores y católicos de la Universidad de Antioquia, inconformes con el ambiente de la época y las reformas educativas del gobierno de Alfonso López Pumarejo, decidió impulsar la creación de una universidad propia, desde ahí surgió el programa de Derecho.

Su crecimiento fue rápido: pasaron los años y llegó la facultad de Química Industrial, la facultad de Arquitectura, los programas de Medicina, su icónica Radio Bolivariana y su especialista clínica Universitaria Bolivariana. Y por supuesto, no hay que dejar de lado el Colegio: sus dos bloques A y B han visto pasar a 89 generaciones de bachilleres.

La universidad que ayudó a dibujar Laureles

El proyecto urbanístico estuvo relacionado con el trabajo del maestro Pedro Nel Gómez, quien planteó un trazado alejado de la tradicional cuadrícula de Medellín, con avenidas, glorietas y calles circulares alrededor de la universidad.

De ese proyecto surgió parte de la estructura urbana que hoy caracteriza a Laureles.

La universidad quedó ubicada como uno de los puntos centrales del nuevo sector, mientras alrededor comenzaron a crecer viviendas, espacios comerciales, escenarios culturales y zonas verdes.

Por eso, hablar de la UPB también es hablar de la transformación de esta zona de Medellín. Su campus se convirtió en un espacio que no solo recibe estudiantes, sino también grados, conferencias, encuentros, actividades culturales, reuniones, espacios de lectura y celebraciones religiosas.

Noventa años después de su fundación, el campus sigue siendo uno de los espacios verdes más reconocibles de Laureles.

Entre árboles, edificios y corredores peatonales, la universidad se convirtió en un lugar que trasciende lo académico. Para muchos antioqueños y personas que llegaron desde otras regiones, sus instalaciones hacen parte de recuerdos familiares, encuentros y momentos importantes de sus vidas.

La UPB, además, ha incorporado nuevos retos: es la primera universidad de Latinoamérica en certificarse como Carbono Neutro.

Así, la historia de la UPB no se cuenta solamente desde sus aulas. También está en las calles de Laureles, en sus árboles, en sus espacios de encuentro y en las generaciones que durante 90 años han pasado por este lugar.

Una institución que nació en medio de un momento de tensión política y de emprendimiento educativo y transformador de varios terminó convirtiéndose en parte de la identidad educativa, cultural y urbanística de Medellín.