Los atentados del 11 de septiembre permanecen grabados en la memoria colectiva de la humanidad. En la mañana de aquel martes de 2001, miles de personas salieron de sus hogares rumbo al trabajo sin imaginar que estaban a punto de vivir uno de los episodios más devastadores de la historia reciente.
A las 8:46 a. m., el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, en Nueva York. Diecisiete minutos después, a las 9:03 a. m., el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur.
Mientras el mundo observaba con incredulidad cómo las Torres Gemelas ardían en llamas, un tercer avión secuestrado, el vuelo 77 de American Airlines, impactó a las 9:37 a. m. contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos, en Arlington, Virginia.
Un cuarto avión, el vuelo 93 de United Airlines, también había sido secuestrado. Sin embargo, sus pasajeros y tripulantes intentaron recuperar el control de la aeronave tras conocer lo ocurrido en Nueva York. El avión terminó estrellándose a las 10:03 a. m. en un campo cercano a Shanksville, Pensilvania, antes de llegar a su destino.
Los cuatro vuelos habían sido secuestrados por miembros de la organización terrorista Al Qaeda. Ese día, 2.753 personas perdieron la vida. Las imágenes de los aviones impactando contra las Torres Gemelas, los edificios en llamas y el posterior colapso de los rascacielos quedaron grabadas para siempre en la memoria del mundo.
Sin embargo, para miles de sobrevivientes, rescatistas, bomberos, policías y trabajadores, las consecuencias de aquella tragedia apenas comenzaban.
Hoy, a tan solo tres días de cumplirse 25 años de los atentados del 11 de septiembre, el alcalde de Nueva York, Zohran Kwame Mamdani, anunció que divulgará más de 170.000 páginas de registros municipales relacionados con la respuesta de la ciudad tras los ataques.
La revelación resulta especialmente significativa de cara a la transparencia y reabre una de las mayores controversias posteriores al 11-S: ¿sabían las autoridades que el aire alrededor de la Zona Cero era tóxico y, aun así, permitieron que miles de personas regresaran a la zona?
Y es que entender la gravedad de esta pregunta exige mirar qué ocurrió con el aire después del colapso de las Torres Gemelas.
Cuando los dos rascacielos, de 110 pisos cada uno, se desplomaron, toneladas de materiales de construcción, mobiliario, equipos electrónicos, cables, tuberías y otros elementos fueron pulverizados y liberados en forma de una enorme nube de polvo. A esto se sumaron los efectos de los incendios provocados por el combustible de los aviones, que alcanzaron materiales como plásticos, alfombras, muebles y cables.
El resultado fue una mezcla altamente contaminante. Entre sus componentes se encontraba el asbesto o amianto, un material utilizado en algunas partes de las estructuras del World Trade Center; además de cemento y vidrio pulverizados, metales y otros compuestos químicos provenientes de los edificios y de los incendios.
El polvo también era extremadamente fino y alcalino. Al ser inhalado, podía penetrar profundamente en el sistema respiratorio y provocar irritación y lesiones en las vías respiratorias. La exposición prolongada a esta mezcla de contaminantes se ha relacionado con diversos problemas de salud que, en muchos casos, aparecieron meses o incluso años después de los atentados.
De acuerdo con las declaraciones del alcalde, los nuevos documentos permitirían conocer qué sabían las autoridades sobre esta contaminación, cuándo tuvieron conocimiento de los riesgos y cuál fue la respuesta institucional ante las advertencias sanitarias.
Entre los aspectos que podrían quedar documentados se encuentran:
- La información que tenían las autoridades sobre la contaminación del aire.
- El momento en que conocieron los posibles riesgos para la salud.
- La presencia de sustancias peligrosas, incluido el amianto o asbesto.
- Las decisiones tomadas por las instituciones frente a las advertencias sanitarias.
- Posibles actuaciones destinadas a limitar la responsabilidad legal de la ciudad.
La publicación de estos archivos podría arrojar nueva luz sobre una tragedia cuyas consecuencias no terminaron con el colapso de las Torres Gemelas. Durante los años posteriores, miles de personas que trabajaron, vivieron o participaron en las labores de rescate y limpieza en la Zona Cero desarrollaron enfermedades relacionadas con la exposición al polvo y a los contaminantes liberados tras el ataque. Entre ellas se encuentran problemas respiratorios, asma, enfermedades pulmonares y distintos tipos de cáncer.
El propio alcalde aseguró que, casi 25 años después, han muerto más personas por enfermedades relacionadas con el 11-S que las que murieron directamente durante los atentados. Una afirmación que dimensiona la magnitud de una tragedia que, para miles de familias, continuó mucho después de que se apagaran las llamas y se retiraran los escombros.
Porque el 11 de septiembre no solo dejó 2.753 víctimas aquel día. También dejó una segunda historia de dolor: la de quienes sobrevivieron, respiraron el aire de la Zona Cero y años después comenzaron a enfrentar enfermedades que cambiaron sus vidas.
A 25 años de los atentados, Nueva York vuelve así sobre una de las preguntas más incómodas de su historia reciente: ¿qué sabían las autoridades sobre los peligros que permanecían en el aire y qué hicieron con esa información?
Ahora, más de 170.000 páginas de documentos podrían ayudar a reconstruir esa historia y a esclarecer qué ocurrió después del ataque, cuando mientras Nueva York intentaba levantarse entre los escombros, miles de personas seguían respirando un aire cuyos riesgos para la salud podrían haber sido mayores de lo que entonces se reconoció.





