Las grandes empresas de inteligencia artificial de Silicon Valley aceleran inversiones multimillonarias y preparan posibles salidas a bolsa mientras minimizan advertencias internas sobre los riesgos de esta tecnología. Renuncias de altos responsables de seguridad en OpenAI y Anthropic, estudios independientes y críticas de científicos muestran una brecha creciente entre el discurso de responsabilidad del sector y sus mecanismos reales de control.

La tensión quedó expuesta el sábado 12 de septiembre de 2026 durante una conferencia celebrada en el Palace Hotel de San Francisco. Por la diferencia horaria, el encuentro correspondió a la madrugada del domingo 13 de septiembre en Colombia. Inversores consultados por la BBC señalaron que las oportunidades de negocio siguen pesando más que los temores sobre daños catastróficos o futuras restricciones gubernamentales.

En los últimos meses, figuras clave de OpenAI y Anthropic dejaron sus cargos tras cuestionar la cultura de seguridad y la capacidad de las compañías para controlar sistemas cada vez más avanzados. Sin embargo, sus alertas han sido recibidas con escepticismo por ejecutivos e inversionistas, que consideran prioritaria la carrera por ganar participación en un mercado en expansión.

Algunos directivos y analistas incluso interpretan las advertencias sobre un eventual “apocalipsis de la IA” como una estrategia de posicionamiento. Según esa lectura, las empresas podrían estar utilizando el temor para reforzar su imagen de actores imprescindibles, influir en los mercados y moldear regulaciones favorables. También buscan, sostienen los críticos, desviar la atención de problemas actuales como la desinformación, las fallas de privacidad y el uso de la IA en ataques cibernéticos.

Un estudio citado por Euronews concluyó que ocho de las principales compañías del sector, entre ellas OpenAI, Meta y Anthropic, carecen de planes creíbles para prevenir riesgos catastróficos. Ninguna habría presentado estrategias verificables para garantizar el control humano sobre sistemas altamente avanzados, pese a sus promesas de alcanzar la llamada superinteligencia.

Reuters ha documentado, además, un estancamiento en la transparencia sobre principios éticos y gobernanza. En Europa, el retraso de normas para sistemas de alto riesgo hasta finales de 2027 amplía el margen de maniobra de las tecnológicas. Para el profesor Stuart Russell, de la Universidad de California en Berkeley, las empresas reconocen los peligros, pero siguen compitiendo sin demostrar cómo reducirlos.